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Según la IASP (Asociación internacional para el estudio del dolor) el dolor se define como “una experiencia sensorial y/o emocional desagradable asociada a un daño tisular real o potencial”. Con los últimos avances en neurociencia del dolor podemos afirmar que el dolor se comporta en nuestro cerebro como una señal de alarma que intenta proteger nuestros tejidos de un posible daño aún mayor. Esta “alarma” cumple con una función biológica imprescindible para la correcta reparación de los tejidos que se han visto afectados por una lesión o daño reciente (dolor agudo). Sin embargo, en muchos casos, esta señal de alarma permanece “encendida” durante meses o años, incluso cuando los tejidos afectados ya han visto cumplidos sus plazos de reparación (dolor crónico).
Esto es debido a que en esta experiencia dolorosa no solo influyen factores sensoriales como se pensaba hace años, sino que intervienen otros factores cognitivos (creencias, miedos, expectativas, etc.) y emocionales (estado anímico, preocupaciones, motivaciones, etc.) que condicionan la evaluación de la información por parte de nuestro cerebro. Por tanto, el tratamiento del dolor, especialmente el crónico, debe llevarse a cabo desde una perspectiva biopsicosocial (biológica-psicológica-social).
En Fisiodomo contamos con las siguientes herramientas para el tratamiento del dolor:
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